sábado, 21 de septiembre de 2019

Wolfenstein y cómo hacer malos a los nazis.


Wolfenstein The New Order tiene un nivel en un campo de concentración. 
Es un nivel gris y desesperanzado (al el que los gráficos de PS3 le quedan sorprendentemente bien), sin otra cosa alrededor que miedo, dolor y muerte. 
También es un nivel en el que BJ Blazkowicz usa un robot para pulverizar nazis mientras ayuda a todos los internos a escapar.

La saga Wolfenstein siempre se ha caracterizado por trabajar en esa fina línea que separa la parodia chusca sin más objetivo que la ultraviolencia de algo con un tema político interesante que tratar, aunque fuera muy por encima. La parte del robot no es más que la versión hipervitaminada de poner un nombre judío al protagonista de un juego de tiros. Un acto de justicia poética ante la injusticia real.

Eso me dio curiosidad por saber cómo trata exactamente a la gente a la que dispara Blazko. Así que eso es lo que voy a hacer en este post. Vamos a hablar de villanos, de nazis y de qué tienen que ver los unos con los otros. 


Wilhelm Strasse, "Calavera", es un hombre muy listo. Su inteligencia es inversamente proporcional a sus escrúpulos. Tiene una visión de futuro en el que la "raza superior" ha conquistado la galaxia. Es ambicioso, metódico y brutalmente cruel. El mismo BJ lo dice: había visto de todo, pero nunca verdadera crueldad, no hasta que lo conoció a él. Lo que lo hace un villano inmediatamente es su desprecio absoluto hacia lo que él considera razas inferiores. No sólo los utiliza como recursos, sabe que tienen conciencia, la suficiente para saber que está causando sufrimiento con sus acciones. Es la forma superior del niño que arrancaba alas a las moscas y quemaba hormigas. Para él, la crueldad es una muestra de sus convicciones, un método de control hacia aquellos que cometieron el pecado de no nacer puros.

Si Wilhelm Strasse es calculador y metódico, Frau Irene Engel es una bola de demolición centrada exclusivamente en pisar el alma y la cabeza de sus enemigos. Por poner una comparación rápida, es lo que pasaría si mezcláramos a Dolores Umbridge con un ultra de un equipo de fútbol (curiosamente, igual de nazi que los dos ejemplos). Mientras que Wilhelm Strasse experimenta contigo, Frau Engel juega contigo, se divierte haciéndote sufrir. Quiere recordarte a cada segundo que está por encima de ti. Su retórica pública es heroica y victoriosa, su retórica privada es chabacana y asquerosa. Está conseguidísima.

El juego está plagado de buenos detalles, como recuperar el Ku Klux Klan como colaboradores de los nazis en EEUU (y cambiando su religión a la oficial del nazismo, para dejar caro que no son más que racistas oportunistas) o el hecho de que haya grammar nazis literales. Este detalle me fascina precisamente por lo realista que es: una fuerza de ocupación intenta imponer su lengua e instaurar la versión más perfecta de la misma posible. Lo hicimos los españoles en América, lo hicieron los pueblos colonizadores en África y no me hagáis contaros lo que hizo la Academia Francesa con el provenzal.


La lista podría parar un tren, desde la industria cultural y propagandística a las locuras tecnológicas de una industria que vive para una expansión que ya no puede existir porque ya han dominado el mundo. Y, por supuesto, Hitler. Un Hitler en los 60, con aún peores problemas de salud de los que ya tenía en la vida real, que se ha rodeado de sus subalternos más leales, de esos que no le discuten nada. Un Hitler que lo tiene todo. Da asco verlo, asco literal, puede vomitar en la alfombra y mear en un cubo porque es el puto Hitler y lo ha conseguido. Vería una película entera sólo de este Adolf, de la vida que tendría un caudillo fascista si realmente lo hubiera conseguido, más que nada porque la basa de esa ideología es la conquista y ya no es posible. 

Y así con todo, gente más papista que el papa y gente que agacha la cabeza. Privilegiados que aceptan el nuevo paradigma sin problema por el beneficio que les supone.
Aparte de eso, hay muchos textos dedicados a humanizar a los nazis. Sí sí, humanizar. Tenemos muy aceptado que esa palabra implica justificar a alguien. Asumimos que "humanizar" significa hacer bueno a alguien cuando los humanos pueden ser una mierda y muchas veces lo son.  Significa simplemente profundizar en su psicología, qué podría explicar (que no justificar) esa ideología, porque existió y existe, hubo personas que creyeron y creen eso y este juego se encarga de que no lo olvidemos.




Una de las estrategias que se suelen manejar es cambiar el enemigo de uno eterno a uno interno. Necesitan inventarse un enemigo constantemente y necesitan que ese enemigo sea, a la vez, poderoso y débil. Su poder proviene de una capacidad militar y, a pesar de sus peroratas sobre los valores tradicionales, una total ausencia de moral, que cambia constantemente para ajustarse a los intereses políticos del régimen. Ese enemigo es BJ Blazkowicz y el resto del círculo de Kreisau. Y les das todos los motivos que puedan necesitar.

No voy a abrir el melón del uso de la violencia en la lucha antifascista porque no sé lo suficiente sobre el tema, pero quizá aquí es donde he encontrado el problema
 dicho ya varias veces que no voy a quejarme de la caracterización malvada en vez de profunda de un villano y lo mantengo. He leído lo que le hacía la policía política de Pinochet a la gente. Creedme cuando os digo que estos nazis se quedan cortos. La caracterización de los malos no es el problema. 
El problema es el marketing de una obra hopepunk con nazis de mentira en el mundo real. 

Hasta hace no mucho, los nazis eran los mejores malos de la ficción. Eran agresivos, era evidente que querían ver al prota muerto y, lo mejor de todo, todo el mundo sabía que eran malos. No había discusión posible. Pero como decía GG Lapresa: "ah, chico, pero eso es en las películas". En la vida real la gente tiene problemas con que una chica negra sea reina de las fiestas de un pueblo o que una plaza tenga un nombre que no sea el de un militar antisemita. Ese es justo el problema de este nueva trilogía de Wolfenstein. Le ha dado profundidad a unos villanos de mentira a base de expresar de forma clara y variada sus ideas, pero vive en un mundo en el que esas mismas ideas suenan razonables y atractivas para mucha gente.

Y aquí viene Wolfenstein 2 The New Colossus, que dice que le pegues tiros a los nazis porque siguen siendo los malos y hay que detenerlos. Ellos han subido la apuesta, pero no han cambiado el juego. El público sí, por eso ahora hay gente incómoda con atravesarle la cabeza a nazis con balas del tamaño de clavos. No creo que la respuesta fuera convertir Wolfenstein entre todas las cosas en un torneo de debate (más que nada porque la mera idea de debatir a la ultraderecha es inútil y una herramienta de propaganda y además me da alergia). Simplemente, los nazis no pueden ser simples malos de shooter sin que vaya a parecer que se queda corto para el contexto político actual.

Quizá la única crítica, y a la vez la más importante, es que de aquí sólo se puede sacar esperanza, no ideas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario